lunes, 23 de abril de 2012

Capítulo 4 #Tenemos que irnos#


---Narra Jess---

Los rayos del Sol volvieron a darme de pleno en la cara. & me acabé despertando de la horrible pesadilla que había tenido. & no. No había soñado con mi perro muerto. Había soñado con mis padres muertos. Vaya, no? Tengo la negra. Todo se me moría. & para entonces deseaba yo también morir.
Cuando me desperté vi que llevaba la ropa de ayer. Me levanté & me miré en el espejo grande de cuerpo entero & bastante ancho de mi habitación.
Yo: maaaaaaadre O.O –Sí. Parecía un monstruo. O no, mejor. La niña del exorcista duplicada-. Es horita de ir dándome una ducha… -suspiré cansada, & cogí la ropa que me iba a poner & me metí a la ducha, dejando correr el agua templada por cada sitio de mi piel descubierta. [No me voy a duchar con ropa, no? ¬¬’].
Cuando terminé, salí & me sequé con el albornoz que usábamos mi madre & yo.
Yo: que recuerdos… -Empecé a recordar, como bien imagináis. & una lágrima resbaló, por el destino de siempre. [No va a caer por el culo]- No, no… Ya está bien de llorar. Estén donde estén quieren que sea feliz. O que al menos lo intente… Por vosotros, papi, mami… -envié un beso al techo, esperando que lo recibiera el cielo más bonito que habitaban mis padres.
Me vestí, maquillé & peiné, poniéndome el flequillo recto & pelo liso, como siempre. Con mis mechas rojas cantosas a la vista de cualquiera, llamando la atención.

Cuando terminé fui al salón, donde mi hermano & Alice estaban desayunando.
Sergio: buenos días enana –sonrió algo.
Alice: buenos días Jess –también sonrió.
Yo: hola -dije desganada-. Que hay para desayunar?
Sergio: un vaso de leche & algo para mojar.
Yo: vamos, lo típico – [No sé para qué pregunto, la verdad].
Me dirigí a la cocina & me hice el desayuno. Nada para mojar. Hoy no había hambre.
Me senté en la mesa & mi hermano & Alice se miraron indecisos, & luego, interesadamente, me miraron.
Yo: qué pasa? –les miré indecisa.
Sergio: nada, nada… Por qué lo dices?
Yo: primero, porque no estoy ciega, & segundo, mientes fatal desde que naciste. Así que casca lo que esté en tu mente –le miré desafiante.
Sergio: bueno, pues… -puso su mano en la nuca & empezó a rascársela.
Yo: no tengo para todo el día, sabes?
Sergio: esto… yo… Bueno…
Yo: qué? ¬¬’
Sergio: tú sabes que yo vivo en Canadá &… Bueno, em…
Yo: sí. & a mí qué?
Sergio: pues…
Yo: Dios! Joder! Quieres decirlo de una puta vez!!! –chillé enfadada. [Adiós a ser buena persona. Me saca de quicio este chaval, & mira que tengo paciencia eh? buf!].
Alice: nos tenemos que ir ya, Jess… Tenemos allí el trabajo & no podemos dejarlo por mucho tiempo… Nos echarían… & tenemos que volver. Tenemos un alquiler que pagar &, bueno… Eso… Tenemos que irnos.
Yo: & me vais a dejar aquí sola? – [No, no. Por favor…].
Sergio: no… tenemos… otro remedio, enana… -suspiró.
Yo: que no, que no! –me levanté de la silla dando un fuerte golpe al mueble que estaba detrás de ella- No quiero quedarme aquí sola! No puedo! –se me cristalizaron los ojos- Qué hago yo aquí sin papá & mamá? Nada! -& una lágrima cayó, sin remedio alguno.
Sergio: pero… Tú te quieres venir?
Yo: qué!? Encima me lo preguntas!? –[Gilipollas. Gilipollas sin remedio]– Pues claro que quiero, joder! –otra lágrima, & otra.
Alice: está bien, Jess, está bien –se levantó & puso una mano en mi hombro-. Vente con nosotros. No te vamos a dejar sola.
Sergio & yo: ah, no? –nos miramos raramente, & después le desprecié. Me había dejado claro que no quería que fuera con ellos.
Alice: claro que sí –sonrió.
Yo: no –dije duramente.
Alice & Sergio: qué? –me miraron indecisos.
Yo: que no. Que no queréis. No queréis que vaya con vosotros. Lo ha dejado muy claro –señalé a mi hermano.
Alice: bah… Pero a tu hermano no le hagas caso, vale? Está tonto. No ves que todavía no ha madurado? –sonrió.
Sergio: eh! –frunció el entrecejo- Que estoy delante, por si no lo sabéis & eso… -suspiró.
Yo: -sonreí. [Parece un niño crío]- Está bien… Iré… Pero que conste que lo hago porque me lo pides tú –miré a Alice-, que si fuera por mi hermano, no iría ¬¬’
Sergio: ya estamos. La culpa la tengo que tener yo siempre, no?
Yo: perdona? –anduve en dirección a mi habitación a hacer la maleta.
Sergio: lo que oyes –me siguió.
Yo: no, no, no, no, no, no & no. Mentira total! ¬¬
Sergio: sí & sí, joder.
Yo: que no! La culpa siempre me la han echado a mí, por ser la pequeña! –saqué mi maleta grande de debajo de la cama & empecé a sacar toda la ropa del armario fuera.
Sergio: pero qué dices? Si siempre me la echaban a mí por ser el mayor, el que más cabeza tiene que tener, & no se qué tonterías.
Yo: es verdad. La mayoría de las culpas las deberías de tener tú, porque NO tienes cabeza! –grité enfada. [Este niño me harta!].
Sergio: ogggg. Dios, Jéssica! Das pena! Madura un poquito niñata! –gritó & se fue de mi habitación.
Yo: -me quedé a cuadros, la verdad. [Eso… eso es lo que de verdad piensa de mí? Fantástico. Genial]- Aaaaaaaaaaah! –chillé con fuerza- Te odio, te odio, te odio!!! -& pequé un portazo, después tirándome a la cama en plancha & tirando la maleta & ropa al suelo.

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