---Narra
Jess---
Los rayos del
Sol volvieron a darme de pleno en la cara. & me acabé despertando de la
horrible pesadilla que había tenido. & no. No había soñado con mi perro
muerto. Había soñado con mis padres muertos. Vaya, no? Tengo la negra. Todo se
me moría. & para entonces deseaba yo también morir.
Cuando me
desperté vi que llevaba la ropa de ayer. Me levanté & me miré en el espejo
grande de cuerpo entero & bastante ancho de mi habitación.
Yo:
maaaaaaadre O.O –Sí. Parecía un monstruo. O no, mejor. La niña del exorcista
duplicada-. Es horita de ir dándome una ducha… -suspiré cansada, & cogí la
ropa que me iba a poner & me metí a la ducha, dejando correr el agua
templada por cada sitio de mi piel descubierta. [No me voy a duchar con ropa,
no? ¬¬’].
Cuando
terminé, salí & me sequé con el albornoz que usábamos mi madre & yo.
Yo: que
recuerdos… -Empecé a recordar, como bien imagináis. & una lágrima resbaló,
por el destino de siempre. [No va a caer por el culo]- No, no… Ya está bien de
llorar. Estén donde estén quieren que sea feliz. O que al menos lo intente… Por
vosotros, papi, mami… -envié un beso al techo, esperando que lo recibiera el
cielo más bonito que habitaban mis padres.
Me vestí,
maquillé & peiné, poniéndome el flequillo recto & pelo liso, como
siempre. Con mis mechas rojas cantosas a la vista de cualquiera, llamando la
atención.
Cuando terminé fui al salón, donde mi
hermano & Alice estaban desayunando.
Sergio: buenos días enana –sonrió algo.
Alice: buenos días Jess –también sonrió.
Yo: hola -dije desganada-. Que hay para desayunar?
Sergio: un vaso de leche & algo para mojar.
Yo: vamos, lo
típico – [No sé para qué pregunto, la verdad].
Me dirigí a
la cocina & me hice el desayuno. Nada para mojar. Hoy no había hambre.
Me senté en
la mesa & mi hermano & Alice se miraron indecisos, & luego,
interesadamente, me miraron.
Yo: qué pasa?
–les miré indecisa.
Sergio: nada,
nada… Por qué lo dices?
Yo: primero,
porque no estoy ciega, & segundo, mientes fatal desde que naciste. Así que
casca lo que esté en tu mente –le miré desafiante.
Sergio:
bueno, pues… -puso su mano en la nuca & empezó a rascársela.
Yo: no tengo
para todo el día, sabes?
Sergio: esto…
yo… Bueno…
Yo: qué? ¬¬’
Sergio: tú
sabes que yo vivo en Canadá &… Bueno, em…
Yo: sí. &
a mí qué?
Sergio: pues…
Yo: Dios!
Joder! Quieres decirlo de una puta vez!!! –chillé enfadada. [Adiós a ser buena
persona. Me saca de quicio este chaval, & mira que tengo paciencia eh?
buf!].
Alice: nos
tenemos que ir ya, Jess… Tenemos allí el trabajo & no podemos dejarlo por
mucho tiempo… Nos echarían… & tenemos que volver. Tenemos un alquiler que
pagar &, bueno… Eso… Tenemos que irnos.
Yo: & me
vais a dejar aquí sola? – [No, no. Por favor…].
Sergio: no…
tenemos… otro remedio, enana… -suspiró.
Yo: que no,
que no! –me levanté de la silla dando un fuerte golpe al mueble que estaba
detrás de ella- No quiero quedarme aquí sola! No puedo! –se me cristalizaron
los ojos- Qué hago yo aquí sin papá & mamá? Nada! -& una lágrima cayó,
sin remedio alguno.
Sergio: pero…
Tú te quieres venir?
Yo: qué!?
Encima me lo preguntas!? –[Gilipollas. Gilipollas sin remedio]– Pues claro que
quiero, joder! –otra lágrima, & otra.
Alice: está
bien, Jess, está bien –se levantó & puso una mano en mi hombro-. Vente con
nosotros. No te vamos a dejar sola.
Sergio &
yo: ah, no? –nos miramos raramente, & después le desprecié. Me había dejado
claro que no quería que fuera con ellos.
Alice: claro
que sí –sonrió.
Yo: no –dije
duramente.
Alice &
Sergio: qué? –me miraron indecisos.
Yo: que no.
Que no queréis. No queréis que vaya con vosotros. Lo ha dejado muy claro
–señalé a mi hermano.
Alice: bah…
Pero a tu hermano no le hagas caso, vale? Está tonto. No ves que todavía no ha
madurado? –sonrió.
Sergio: eh!
–frunció el entrecejo- Que estoy delante, por si no lo sabéis & eso…
-suspiró.
Yo: -sonreí.
[Parece un niño crío]- Está bien… Iré… Pero que conste que lo hago porque me lo
pides tú –miré a Alice-, que si fuera por mi hermano, no iría ¬¬’
Sergio: ya
estamos. La culpa la tengo que tener yo siempre, no?
Yo: perdona?
–anduve en dirección a mi habitación a hacer la maleta.
Sergio: lo
que oyes –me siguió.
Yo: no, no,
no, no, no, no & no. Mentira total! ¬¬
Sergio: sí
& sí, joder.
Yo: que no!
La culpa siempre me la han echado a mí, por ser la pequeña! –saqué mi maleta
grande de debajo de la cama & empecé a sacar toda la ropa del armario
fuera.
Sergio: pero
qué dices? Si siempre me la echaban a mí por ser el mayor, el que más cabeza
tiene que tener, & no se qué tonterías.
Yo: es
verdad. La mayoría de las culpas las deberías de tener tú, porque NO tienes
cabeza! –grité enfada. [Este niño me harta!].
Sergio:
ogggg. Dios, Jéssica! Das pena! Madura un poquito niñata! –gritó & se fue
de mi habitación.
Yo: -me quedé
a cuadros, la verdad. [Eso… eso es lo que de verdad piensa de mí? Fantástico.
Genial]- Aaaaaaaaaaah! –chillé con fuerza- Te odio, te odio, te odio!!! -&
pequé un portazo, después tirándome a la cama en plancha & tirando la
maleta & ropa al suelo.
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